Amotinados en el interior de la casa, observan atentamente los movimientos de sus enemigos. No son un enemigo cualquiera. Y no porque sus armas sean mejores, ni porque sean más fuertes o más valientes que ellos: son enemigos espontáneos, elegidos al azar. Son especialistas. Han sido escogidos por su número de placa, y no por sus ideas, como ellos.
Ellos continúan mirando al enemigo entre agujeros y sombras, mientras los especialistas miran al frente formando una doble fila frente al edificio. Se oye un crujido, y un trozo de metal da la orden a los 18 especialistas.
10 de ellos entran por la puerta principal y abren fuego. Decenas de proyectiles de 35 milímetros a 700 km/h rebientan los sacos de arena que había justo delante de la entrada. Pero allí no hay nadie.
Los especialistas se miran atónitos. Su oficio es obedecer, no pensar. Por lo tanto, se quedan inmóviles, con las armas en alto, esperando que el aparato de metal piense por ellos.
Pero justo después de que la orden saliera de la emisora móbil, a 200 metros del lugar, y justo antes de que llegara a las antenas de los aparatos metálicos de los especialistas, el cuchillo ya había empezado a volar por el aire, y ahora ya reposa en el cuello del especialista número 11092.
Los especialistas restantes permanecen inmóbiles incluso cuando se dan cuenta de que manos invisibles les han devuelto el ataque.
Un especialista informa a la central "¡Agente abatido!".
Sólo ahora los demás son conscientes del peligro que corren. Algunos miran a los pisos superiores, que se ven a través de agujeros en el techo, buscando manos invisibles con cuchillos voladores. Otros no saben lo que hacen, porque sin una orden que cumplir un especialista es como un perro perdido.
Afortunadamente, la orden llega, a través del aparato metálico, con voz fría. La orden de retirada, que resuena en toda la habitación, viene de un hombre de acero, a la que parece darle igual que haya caído uno o cinco de sus especialistas.
Los especialistas huyen en desbandada por donde han venido. Durante unos momentos, el más joven, número 19811, intenta arrastrar por los brazos a su compañero caído. Otro, que ya ha visto esto otras veces, le empuja hacia afuera, no porque crea que intentar rescatar un cadáver no merece otro cadáver, sino porque el joven especialista se interpone en el camino entre él y la puerta.
Apenas los especialistas han conseguido abandonar el edificio, un proyectil de 3 metros de diámetro se estampa en el jardín de al lado. Los especialistas miran con miedo a la enorme bala metálica que ha caído donde ellos estaban hace unos segundos. El proyectil se abre, y de él sale un Dreagnought de asalto, la máquina de matar perfecta de los marines, creada por el doctor Román Colosus en el año 2009.
La Bestia arremete contra la fachada del edificio, y la destruye de un solo golpe. Los hippies lanzan cuchillos, piedras, flores, incluso se lanzan unos a otros contra el monstruo metálico, pero la bestia de acero no parece darse cuenta. Está demasiado ocupada comiéndoselos de uno en uno.
Una vez acabada la faena, la bestia se autodestruye.
Los especialistas nunca dejan pruebas.
sábado, 1 de diciembre de 2007
jueves, 25 de octubre de 2007
El inicio
Llegué de Inglaterra, después de 6 meses haciendo cafés. Acepté la propuesta de mi padre, y volví a la empresa que lleva a medias con su socio para echarles una mano.
De un día para otro me encontré con una centralita digital entre manos, un monstruo potente, complejo y descontrolado, llamado Asterisk, con unas veinte personas usándola. Se me encargó mantenerla e implementar las funcionalidades que pidiera el cliente.
Ocho meses después comienzo este blog, para escribir mis andaduras y echarle la mano que no tuve yo a quien la necesite.
De un día para otro me encontré con una centralita digital entre manos, un monstruo potente, complejo y descontrolado, llamado Asterisk, con unas veinte personas usándola. Se me encargó mantenerla e implementar las funcionalidades que pidiera el cliente.
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